Encuentros de hormigónLa Universal es el espacio que compartimos en Madrid Centro con otros colectivos amigos: Traficantes de sueños, Senda de Cuidados, el Grupo de Acompañamiento de Yo Sí Sanidad Universal, Caja Negra, Dr. Hydra, Tablo Vivant…

Es también nuestro espacio de reunión y el lugar en el que convocaremos cursos y talleres públicos, para acercarnos al pensamiento teórico desde otro lugar: menos de clase magistral y más de amasar colectivamente los conceptos y las historias, en el encuentro entre diferentes inteligencias, entre lo que cada cual ya sabe y lo que juntos seamos capaces de aprender, descubrir y proponer.

Desde los talleres y cursos en La Universal intentaremos hacer una teoría capaz de tomarse en serio y de partir de preguntas que nos parecen cruciales en nuestros días: ¿cómo se vive la calle en el presente y qué supone esto para cualquier política de calle a la altura de los tiempos? O, mejor, ¿qué hace hoy la calle política? ¿Qué imágenes y relatos del cambio tenemos a mano y cuáles resultan más prometedores? ¿Qué es el neoliberalismo y de qué formas nos gobierna?

No se trata de estudiar los análisis más sesudos sobre cada una de estas cuestiones, sino de buscar aquellos que se articulan con nuestras experiencias vividas y, sobre todo, con nuestros esfuerzos prácticos y nuestra búsqueda de un mundo menos depredador, más igualitario y amable.

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Descripción del taller

Cuentan que todos los dioses de la antigüedad se murieron (de un ataque de risa) al escuchar a uno de ellos proclamarse Dios Único. Nos tememos que la misma suerte corrieron las imágenes del cambio unos siglos más tarde, se murieron (entre carcajadas) al escuchar a una uña de ellas designarse -muy seria, muy solemne- como única. Era la revolución, un cambio total, instantáneo, trascendente, macropolítico, perfecto o paradisíaco.

La Revolución envejeció luego y medio desaparecio (dicen que ha muerto), pero su vacío no lo poblaron de nuevo innumerables imágenes del cambio posibles, sino la nada o reediciones cada vez más a la baja de la vieja idea revolucionaria que chocan hoy una y otra vez con la realidad sin llegar a cambiar gran cosa. Y aquí nos encontramos nosotros, huérfanos o con memorias que funcionan demasiado como lastres, sin imágenes de cambio que sean adecuadas a nuestras vidas, a nuestros deseos y a nuevos haceres.

El propósito (¡pagano!) de este es más alto ampliar las teclas del repertorio con el que contamos, multiplicar las imágenes posibles: que no solo acojan lo visible y mediático, sino también y sobre todo las acciones silenciosas, involuntarias, intersticiales, latentes, informales, micropolíticas, impuras, turbulentas, corales de transformación de lo existente. Se trata de investigar, en La realidad callada de nuestras prácticas, en el legado de movimientos heterodoxos como el feminismo o el zapatismo y en algunos autores aue abren lo posible, imágenes que acompañen y potencien, que den valor y visibilidad a los gestos cotidianos que alientan y sostienen el cambio social.

Estructura del taller

El taller se divide en ocho sesiones, algunas dedicadas a la lectura colectiva, otras a encuentros con los autores de las mismas y por último a realizar incursiones en lugares donde hay prácticas en marcha en las que intentaremos desentrañar la imagen de cambio que conllevan.

1. De las lentes para ver . O a qué nos referimos cuando hablamos de Imágenes de Cambio. Con la participación de Franco Ingrassia.

18 de abril

2. Cartografía del Presente. O que acompañan imaginarios Nuestras Prácticas

25 de Abril

3. No Hacer para que nada quede sin hacerse. Lectura colectiva de Textos de François Julien.

3 de Mayo.

4. Laboratorio 1 : Entrenarse para ver. Las prácticas y sus imágenes de cambio0            

 9 de mayo

5. Hacer en red, o no todo depende de nosotros . Lectura colectiva de Textos de Margarita Padilla y posterior diálogo con ella

17 de Mayo.

6. Laboratorio 2. Entrenarse para ver. Las Prácticas y sus imágenes de cambio              

23 de mayo

7. La trama viva de las luchas. Lectura colectiva de Textos de Raquel Gutiérrez y Diálogo posterior por skype con ella                          

30 de mayo

8. Propósitos paganos para el próximo solsticio                                                                          

 6 de junio

                                                           Información e inscripción                                            

Todas las sesiones se celebrarán los  lunes, de 18:30 a 21:30 horas (salvo excepciones por festivo, trasladándose la sesión al martes)

Lugar :
Escuela de Afuera
La Universal
C / Duque de Alba 13
<M> Tirso de Molina.

Puedes inscribirte escribiendo un correo electrónico a escueladeafuera@gmail.com, con el asunto: “Inscripción Un propósito m Pagano “.

El  precio del  taller es de 50 €  (Se entregan en mano el primer día).
No queremos que nadie que del tenga ganas de acudir se quede sin hacerlo porque no pueda asumir este precio, asi que, si estás en esta situatión, escríbenos a escueladeafuera@gmail.com

Rizoma en la carretera

La Escuela de Afuera os invita a participar en su segundo taller: una lectura colectiva de los dos últimos trabajos del sociólogo Christian Laval y el filósofo Pierre Dardot.

 

Descripción del taller

La nueva razón del mundo (Gedisa, 2013) reescribe la historia del neoliberalismo, esa telaraña en la que nos debatimos a diario, no ya sólo como una política o una doctrina económica, sino como un verdadero proyecto de modelar la humanidad según los valores de la competencia y la autosuperación constante.

Común (Gedisa, 2015) nace por su lado de una mirada atenta a los recientes movimientos de las plazas (primavera árabe, 15M, Occupy, etc.). Los autores atisban en ellos el (re)nacimiento del principio político de lo común que nos desafía a pasar de la competición a la cooperación, de la delegación a la participación.

En ambos libros insiste una mirada que nos parece muy interesante para pensar a día de hoy el cambio social: no somos marionetas del Mal ni tampoco hay salvadores del Bien, sino que todo depende de las prácticas sociales que cada día tejen maneras de gobernar(se) y que cada día son desviadas y subvertidas, por nosotros y por otros. Ambos libros invitan a huir de las respuestas fáciles en la disyuntiva entre asalto institucional y construcción desde abajo y es por ello que pueden convertirse en arma desde muy diferentes lugares.

En este taller queremos leer a Laval y Dardot, pero leerlos activamente, a la vez para entenderlos y reapropiárnoslos, interrogando los textos desde nuestras vivencias y referencias, pasando los conceptos por el siempre poliédrico rasero de la vivencia cotidiana. ¿En qué situaciones o contextos identificamos un hacer “común”? ¿Qué lo favorece? ¿Qué promueve en cambio dinámicas neoliberales? ¿Es todo siempre tan nítidamente distinguible?

Para quien le interesa ampliar información sobre estos autores, aquí dejamos estas dos entrevistas:

Estructura del taller

El taller se desarrollará en cinco sesiones:

I.
Gobierno, neoliberalismo y común [martes 13 y lunes 19 de octubre]
Las dos primeras sesiones las dedicaremos a leer juntos textos seleccionados de los dos libros entorno a los conceptos de: gobierno, neoliberalismo y común.

II.
Encuentro con los autores [miércoles 21 de octubre]
A mitad de camino tendremos el lujo de contar con Laval y Dardot  con quienes podremos comentar nuestras lecturas, hacer preguntas y proponer rupturas.

III.
Poniendo a prueba la teoría: imaginar lo común [lunes 26 de octubre y lunes 2 de noviembre]
Las últimas sesiones las dedicaremos a confrontar la teoría con las prácticas, los espacios, los materiales que pueblan nuestro mundo. Será un ejercicio de aterrizaje e imaginación en que leeremos a partir de las claves de los textos tanto nuestros entornos como nuestras vivencias. Pensaremos qué incidencia puede tener  esta propuesta puede tener en nuestros modos de hacer la vida política.

 

Información e inscripción

Todas las sesiones se celebrarán los lunes, de 19:00 a 22:00 horas, salvo dos:

  • la sesión inaugural, que será el martes 13, de 19.00 a 22.00
  • un encuentro con los autores el miércoles 21, de 19:00 a 22 horas.

Lugar:

Escuela de Afuera
La Universal
c/ Duque de Alba 13
<m> Tirso de Molina.

Puedes inscribirte escribiendo un correo electrónico a escueladeafuera@gmail.com, con el asunto: “Inscripción taller Una fiesta violenta”.

El precio del taller es de 40€ (se entregan en mano el primer día).

No queremos que nadie que tenga ganas de acudir se quede sin hacerlo porque no pueda asumir este precio, así que, si estás en esta situación, escríbenos a escueladeafuera@gmail.com

Dispondremos de algunos ejemplares de ambos libros para prestar a quien lo necesite y facilitaremos fotocopias de los fragmentos que trabajemos en común.

Escuelita zapatista

Cartel que puede leerse en una de las sedes de la primera Escuelita zapatista

¿Querid@s? amig@s y enemig@s: err… bue… resulta que… es decir… ¿recuerdan que al final del texto del 19 de marzo 2015, “Sobre Homenaje y Seminario”, les pusimos que la organización del seminario era un desmadre? Bueno, pues nosotr@s cumplimos lo que prometemos: la dirección electrónica a la que están mandando sus datos de registro está mal, no es ésa, es errónea, etc. La dirección correcta es:

seminario.pensamientocritico15@gmail.com

Ok, ok, ok, Va en mi cuenta. Atentamente: yo merengues.

 

La Tormenta, el Centinela y el Síndrome del Vigía

 

Abril del 2015.

A loas compañeroas de la Sexta:
A loas interesadoas:

Aunque no lo parezca, ésta es una invitación… ¿o un reto?

Si usted es adherente a la Sexta, si usted es de un medio libre, autónomo, alternativo, independiente o como se diga, si usted está interesado en el pensamiento crítico, entonces tome como suya esta invitación al Seminario “El Pensamiento Crítico frente a la Hidra Capitalista”. Si, además de aceptar la invitación, quiere asistir, por favor siga este link: http://enlacezapatista.ezln.org.mx/registro-al-seminario-de-reflexion-y-analisis-el-pensamiento-critico-frente-a-la-hidra-capitalista/

Si usted ha sido invitada, invitado, invitadoa como ponente, una misiva parecida a ésta le llegará por el mismo medio en que se le contactó. La diferencia estriba en que la carta invitación a ponentes tiene una “cláusula secreta”.

Bien, la invitación es, como quien dice, la envoltura.

Dentro, más abajo y a la izquierda, está…

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El Reto

Oh, lo sé. Los clásicos inicios de las reflexiones zapatistas: desconcertantes, anacrónicos, desubicados, absurdos. Como no queriendo, como así nomás, como “ahí les dejamos”, como “ahí lo vean”, como “va en su cuenta”. Como si aventaran una pieza de un rompecabezas y esperaran a que se entendiera que no están describiendo una parte de la realidad, sino que están imaginando la imagen completa. Como que miran el rompecabezas ya completado, con sus figuras y colores cabales, pero con los bordes de las piezas visibles, como señalando que el conjunto lo es gracias a las partes, y, claro, que cada parte adquiere su sentido en su relación con las otras.

Como si la reflexión zapatista emplazara a ver que falta lo que falta, y no sólo lo que hay, lo que se percibe como inmediato.

Algo como lo que hizo Walter Benjamin con el “Angelus Novus” de Paul Klee. Al reflexionar sobre la pintura, Benjamin la “completa”: ve al ángel, pero también ve lo que el ángel ve, ve hacia dónde es arrojado por lo que ve, ve la fuerza que lo agrede, ve la huella brutal. Ve el rompecabezas completado:

Angelus NovusHay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se muestra a un ángel que parece a punto de alejarse de algo que le tiene paralizado. Sus ojos miran fijamente, tiene la boca abierta y las alas extendidas; así es como uno se imagina al Ángel de la Historia. Su rostro está vuelto hacia el pasado. Donde nosotros percibimos una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única que amontona ruina sobre ruina y la arroja a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el Paraíso sopla un huracán que se enreda en sus alas, y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irresistiblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras los escombros se elevan ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.” (X, “Tesis sobre filosofía de la historia”)

Entonces es como si nuestras reflexiones fueran un reto, un enigma del Acertijo, un desafío de Mr. Bane, un comodín en las manos del Guasón mientras inquiere “¿Por qué tan serios?”.

Como si el gato-perro, súper héroe y súper villano, Sherlock y Moriarty, irrumpiera acosando con preguntas: ¿qué miramos?, ¿por qué?, ¿hacia dónde?, ¿desde dónde?, ¿para qué?

Es como si lo pensáramos al mundo, cuestionando su torpe girar, debatiendo su rumbo, desafiando su historia, disputando la racionalidad de sus evidencias.

Es como si, por un momento apenas, fuéramos…

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El Centinela

Usted puede ver que, por lo regular, en una instalación militar hay puestos en su periferia. Se les llama “Puestos de Observación”, “Puestos de Guardia” o “Puestos del Vigía”. El trabajo de esos puestos es vigilar los alrededores y los accesos al establecimiento, de modo de saber qué o quién se aproxima o se mueve o permanece en los alrededores del lugar. Bien, ese puesto de vigilancia (en los campamentos zapatistas le decimos “la posta”, ignoro la razón; por ejemplo, decimos “te toca la posta a las 0000 hrs”, “el relevo de la posta es a las 1200″, etc.), avisa o advierte al resto de la instalación, y contiene o detiene a quien trata de ingresar sin autorización. Quien ocupa el puesto de observación es el guardia, el vigía, el centinela. Además de observar y estar atento a lo que ocurre, el centinela es quien da la voz de alarma en caso de ataque y frente a cualquier eventualidad.

Según nosotras, nosotros, zapatistas, la reflexión teórica, el pensamiento crítico tiene ese trabajo de centinela. A quien trabaja con el pensamiento analítico, le toca el turno de guardia en el puesto del vigía. Podría extenderme sobre la ubicación de ese puesto en el todo, pero por ahora sólo baste plantear que es una parte también, nada más, pero nada menos. Digo esto por aquellos, aquellas y aquelloas (no olvidar la equidad de género y el reconocimiento de la diversidad) que pretenden:

.- O estar por encima y afuera del todo, como algo aparte, y se esconden detrás de la “imparcialidad”, la “objetividad”, la “neutralidad”. Y dicen que analizan y reflexionan desde la asepsia de un imposible laboratorio materializado en la ciencia, la cátedra, la investigación, el libro, el blog, el credo, el dogma, la consigna.

.- O trastocan su papel de vigías y se adjudican el de nuevos sacerdotes doctrinarios. Siendo apenas centinelas, se comportan como si fueran el cerebro dirigente que muta en tribunal penal a conveniencia. Y desde ahí ordenan lo que debe hacerse, juzgan y absuelven o condenan. Aunque hay que reconocerles que el hecho de que nadie les haga caso, marcadamente la realidad siempre rebelde, no los inhiba de su delirio (etílico, no pocas veces).

El centinela tiene que ver con el puesto del vigía en cuestión. Pero ya volveremos sobre esto en alguna de nuestras intervenciones en el seminario.

Por ahora, baste decir que, abrumado, sobrepasado por la tarea de observación crítica en un mundo tramposamente instantáneo, en su turno en el puesto de guardia, el vigilante puede caer en…

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El Síndrome del Vigía.

Bien, pues resulta que el centinela “agota” su capacidad de vigilancia después de un período.

Este “agotamiento” (al que nosotras, nosotros, zapatistas, llamamos “el síndrome del vigía”) consiste, grosso modo, en que la persona que está en el puesto de vigilancia desarrolla, después de un tiempo de estar de guardia, una especie de “percepción en bucle” o “constancia de la percepción”. Es decir, reproduce en su percepción consciente una y otra vez la misma imagen, como si nada se alterara, o como si los cambios fueran parte de la misma normalidad de la imagen. Tiene que ver, supongo, con algo de percepción visual, pero también con el deseo de que nada altere la rutina. Así, por ejemplo, el vigilante no desea que un peligro aparezca, y ese deseo lo traslada a lo que vigila. “Todo está bien, no va a pasar nada malo”, se repite una y otra vez, y eso se traslada a su valoración de la realidad. Su objetivo es poder entregar un reporte de vigilancia lacónico: “sin novedad”.

Esto que les explico es producto de una observación empírica, no de un estudio científico. A lo largo de años y años de vigilancia, es lo que concluimos de nuestra propia (y reducida) experiencia. Con la persistente duda de si ciencia o usos y costumbres, preguntamos con alguien que sí le sabe a eso de la neurociencia. Nos dijo que el fenómeno existe, aunque no está precisado el mecanismo que lo provoca (antes de que quieran degollarme las distintas corrientes o posiciones en psicología, aclaro que lo único que confirmé es que el fenómeno es real, comprobable). Ahora bien, ¿por qué se da? bueno, ahí véanlo ustedes -sería bueno que, ya en eso, se pongan de acuerdo en cuál es el objeto de conocimiento de la “ciencia” de la psicología-.

Bueno, esa persona nos explicó lo que es la “atención selectiva” y nos mandó un libro de ésos de los de antes (o sea que se entiende lo que explica). Palabras más, palabras menos, se trata de que sólo atendemos una pequeña parte de lo que vemos en un determinado momento e ignoramos el resto. Bueno, pues ese resto que ignoramos es la “ceguera al cambio” o “ceguera por inatención”. Es como si, al filtrar las partes de la imagen que vemos, nos volviéramos ciegos a lo que no seleccionamos como importante.

Por ahora no desarrollaremos esto, pero, en resumen, el “síndrome del centinela” consiste en que:

a).- No se vigila el todo, sino sólo una parte de ese todo.

b).- Cuando se “cansa”, la guardia no percibe los cambios que se presentan en la zona vigilada porque le son imperceptibles (es decir, no son dignos de atención).

Para contrarrestar eso, usamos varios recursos:

Uno de ellos es la vigilancia no directa, la “visión periférica” o, en término coloquiales, “mirar por el rabillo del ojo”. Esto es que la mirada indirecta permite detectar alteraciones de la rutina. También debe de haber una explicación de esto en la neurociencia, pero creo que nos falta estudio.

Otras formas de solucionar la fatiga del centinela, son: poner dos o más vigías cubriendo el mismo punto; o reducir el tiempo de vigilancia y aumentar la frecuencia del relevo.

Puede y hay otras formas de que la tarea del centinela se cumpla.

Pero lo importante es que hay que estar avizores de cualquier señal de peligro. No se trata entonces de advertir el peligro cuando ya está presente, sino de mirar los indicios, valorarlos, interpretarlos, en suma, pensarlos críticamente.

Por ejemplo: esos nubarrones en el horizonte, ¿significan que viene una lluvia pasajera, cuál es su intensidad, se dirige hacia acá o se aleja?

¿O se trata de algo más grande, más terrible, más destructivo? Si es así, habrá que alertar a tod@s de la inminencia de…

 

-*-

La Tormenta

Bueno, el asunto es que lo que nosotros, nosotras, zapatistas, miramos y escuchamos es que viene una catástrofe en todos los sentidos, una tormenta.

Pero…, resulta que nosotras, nosotros, zapatistas, también miramos y escuchamos que personas con grandes conocimientos dicen, a veces con su palabra, siempre con su actitud, que todo sigue igual.

Que lo que la realidad nos está presentando, son sólo pequeñas variaciones que no alteran en nada importante el paisaje.

O sea que nosotras, nosotros, zapatistas, vemos una cosa, y ellos ven otra.

Porque vemos que se sigue recurriendo a los mismos métodos de lucha. Se sigue con marchas, reales o virtuales, con elecciones, con encuestas, con mítines. Y, de manera concomitante, surgen y se desarrollan los nuevos parámetros de “éxito”, una especie de aplausómetro que, en el caso de las marchas de protesta, es inverso: mientras más bien portada sea (es decir mientras menos proteste), mayor su éxito. Y se hacen organizaciones partidarias, se trazan planes, estrategias y tácticas, haciendo verdaderos malabares con los conceptos.

Como si fueran equivalentes Estado, Gobierno y Administración.

Como si el Estado fuera el mismo, como si tuviera las mismas funciones de hace 20, 40, 100 años.

Como si el sistema fuera también el mismo y mismas las formas de sometimiento, de destrucción. O, para ponerlo en términos de la Sexta: las mismas formas de explotación, represión, discriminación y despojo.

Como si allá arriba el Poder hubiera mantenido invariable su funcionamiento.

Como si la hidra no hubiera regenerado sus múltiples cabezas.

Entonces pensamos que en nosotros o en ellos, hay el “síndrome del centinela”.

Y nosotros, nosotras, zapatistas, miramos de reojo esos movimientos en la realidad. Ponemos entonces más atención, subimos a lo alto de la ceiba para tratar de ver más lejos, no lo que pasó, sino lo que viene.

Bueno, pues lo que vemos no es nada bueno.

Vemos que viene algo terrible, más destructivo si posible fuera.

Pero otra vez vemos que quienes piensan y analizan nada dicen de eso. Siguen repitiendo lo de hace 20 años, 40 años, un siglo.

Y vemos que organizaciones, grupos, colectivos, personas, siguen en lo mismo, presentando falsas opciones excluyentes, juzgando y condenando a lo otro, a lo diferente.

Y más: despreciándonos por lo que decimos que vemos.

Entonces, pues ya ve usted, somos zapatistas. Y eso quiere decir muchas cosas, tantas que en los diccionarios de su lengua de usted no existen palabras para eso.

Pero también quiere decir que siempre pensamos que podemos estar equivocados. Que tal vez todo sigue sin cambios fundamentales. Que tal vez el Mandón sigue mandando igual que hace décadas, siglos, milenios. Que puede ser que lo que viene no es algo grave, sino apenas una descompensación, un reacomodo de ésos que ni la pena valen.

Entonces o nada de pensamiento, de análisis, de teoría, o lo mismo de siempre antes.

Entonces nosotros, nosotras, zapatistas, pensamos que tenemos que preguntar a otros, a otras, a otroas, de otros calendarios, de geografías distintas, qué es lo que ven.

Creo que es como cuando a un enfermo le dicen que sí, que ya está muy grave, o sea que “está cabrón”, decimos acá. Y entonces pues, como quien dice, hay que buscar una segunda opinión.

Entonces decimos que está fallando el pensamiento, la teoría. Sea que falla la nuestra, sea que fallan los otros pensamientos. O tal vez fallan los dos.

Entonces, pues somos desconfiados, desconfiadas, como de por sí. Pero sí un poco lo confiamos las compañeras, compañeros y compañeroas de la Sexta. Pero bien sabemos que el mundo es muy grande, y que hay otros, otras, otroas, que también le hacen a eso de pensar, analizar, mirar.

Entonces pensamos que necesitamos pensarlo al mundo, y también pensar así su calendario y su geografía de cada quien.

Y pensamos que más mejor si hacemos ahora sí que como un intercambio de pensamientos. No como se dice un intercambio de mercancías, como en el capitalismo, sino como si dijéramos que echemos trato de que yo te lo digo mi pensamiento y tú me lo dices el tuyo. O sea como una reunión de pensamientos.

Pero entonces no pensamos que es una reunión así nomás, sino que tiene que ser grande, muy grande, mundial se dice.

Y, bueno, nosotros, nosotras, zapatistas, no conocemos mucho. Si acaso y batallando, algo lo sabemos de nuestroas compañeroas, compañeras y compañeros de la Sexta.

Entonces vemos que a esas reuniones de pensamientos en algunas partes les dicen “seminarios”, creemos que porque “seminario” quiere decir “semillero” o sea que ahí se hacen semillas que a veces rápido crían y a veces tardan.

Y entonces decimos que hagamos un semillero de ideas, de análisis, de pensamientos críticos de cómo está actualmente eso del sistema capitalista.

Entonces el seminario o semillero no es un sólo lugar ni en un sólo tiempo. Sino que tarda y es en muchas partes.

Y entonces pues por eso decimos que es dislocado, o sea que no todo en un sólo lugar, sino que muchas partes y en muchos lados. Y decimos que es mundial, bueno, pues porque en todos los mundos hay pensamientos críticos, que se están preguntando qué pasa, por qué, qué hacemos, cómo, y esas cosas que se piensan en la teoría.

Pero entonces, pensamos, en algún lado empieza y en un tiempo.

Entonces, pues, empieza en un lugar ese semillero colectivo, y ese lugar es en un caracol zapatista. ¿Por qué? Bueno porque acá los pueblos zapatistas lo usamos el caracol para alertar y para llamar al colectivo.

Así que, por ejemplo, si hay un problema de la comunidad, o un asunto que hay que resolver, pues se toca el caracol y ya todo el pueblo sabe que hay reunión del colectivo para que el pensamiento hable su palabra.

O para ver cómo hacemos para resistir.

Así que digamos que el caracol es uno de los instrumentos del centinela. Con él avisa que hay un peligro.

Entonces el lugar es, pues, un caracol zapatista: el caracol de Oventik, montañas del sureste mexicano, Chiapas, México.

Y la fecha del inicio es el 3 de mayo. ¿Por qué el 3 de mayo?

Bueno, en nuestros pueblos es el día de la siembra, de la fertilidad, de la cosecha, de la semilla. Es el día de la Santa Cruz.

En los pueblos se acostumbra sembrar una cruz en donde nace el río, el arroyo o el manantial que le da vida al poblado. Así es como se señala que ese lugar es sagrado. Y es sagrado porque el agua es la que da la vida. Entonces el 3 de mayo es el día de pedir el agua para la siembra y la buena cosecha. Van entonces los pobladores a donde nace el agua a darle ofrendas. O sea que como que le hablan al agua, le dan sus flores, le dan su taza de atole, su incienso, su caldo de pollo sin sal. En otros pueblos le dan una copita de trago, pero en los pueblos zapatistas está prohibido el alcohol y entonces le dan refresco al agua. El caldo de pollo que se le da al agua es sin sal, para que no se seca el agua. Al mismo tiempo que están en esa ceremonia de ofrenda, tocan música y empiezan la bailadera tod@s, niñ@s, joven@s, ancian@s. Ya cuando termina la ofrenda, empieza la convivencia del pueblo. Se reparten la comida que llevan: atole agrio, pollo, frijol, calabaza. Todo lo que es comida, ahí lo comen en colectivo, junto al nacimiento del agua. Ya terminado eso, regresan en sus casas. Y ya por pura alegría, le siguen a la bailadera en el pueblo y comen en común y toman café con pan. También hay compas zapatistas que son albañiles, y entonces también lo celebran y cuentan que hacen una cruz de cualquier madera que encuentran y la ponen cuando empiezan la construcción. Dicen que porque es su responsabilidad del trabajador. O sea que el trabajador se hace así responsable de la construcción y le echa ganas para que queda bien, porque va en su cuenta que quede bien.

Entonces pues ya lo sabe usted. Ahí lo vea. Si acepta o no el reto, va en su cuenta.

Ojo: lo que sigue es sólo para ponentes. O sea que sólo va a ir en las invitaciones formales que se les mandan a l@s ponentes. No lo ande usted publicando porque es una…

 

Cláusula Secreta:

Todo esto es para que usted entienda, como quien dice, el contexto del seminario.

¿Qué esperamos de usted?

Pues que entienda que vienen personas de muy lejos, que hacen el sacrificio de su paga y su tiempo para llegar a escuchar lo que usted va a exponer. No vienen por ocio, ni porque vayan a ganar algo. No vienen por moda o ignorancia. Vienen porque tal vez ven esos nubarrones en sus horizontes, porque las lluvias y vientos ya los azotan, porque el hambre de tratar de entender no se sacia, porque sienten que la tormenta se acerca.

Así como nosotros, nosotras, zapatista, le respetamos a usted, así le pedimos que respete a esas personas. Habrá un@ que otr@ colad@, pero la mayoría son nuestr@s compas. Son personas que viven y mueren luchando, sin que nadie, como no seamos nosotros, nosotras, zapatistas, les lleve la cuenta. No hay para ell@s museos, ni estatuas, ni canciones, ni poemas, ni sus nombres están en vagones del metro, calles, colonias. Son nadie, cierto. Y no a pesar de eso, sino precisamente por eso, para nosotras, nosotros, zapatistas, son todo.

Entonces, no se ofenda usted, pero no traiga consignas, dogmas, autos de fe, modas; no repita lo que ya dijeron otros antes o en otro lado; no aliente el pensamiento haragán; no trate de imponer el pensamiento dogmático; no difunda el pensamiento mentiroso.

Le pedimos que traiga su palabra y que ella provoque el pensamiento, la reflexión, la crítica. Le pedimos que prepare su mensaje, que lo afile, que le saque brillo. Que con él honre no a la academia y a sus pares, sino a quien lo recibe, ya sea como sacudida, o como bofetada, o como grito.

La semilla que para este seminario o semillero le pedimos, es la que cuestione, provoque, aliente, impulse a seguir pensando y analizando. Una semilla para que otras semillas escuchen que hay que crecer y lo hagan según su modo, según su calendario y su geografía.

Oh, sí, lo sabemos: no verá ni engrosado su prestigio, ni su cuenta bancaria, ni su caudal de fama. Tampoco verá si consiguió nuevos seguidores, discípulos, rebaños.

Es más, el único indicio de éxito no lo verá, y será que en muchas partes, en otros calendarios y en geografías diversas, otras, otros, otroas, desafíen todo y discutan, debatan, cuestionen, critiquen, imaginen, creen.

Eso le pedimos. Eso, sólo eso.

Desde la conserjería de la Escuelita, habilitada ahora como “Oficina de protocolo, diseño e impresión de invitaciones para bodas, XV años, divorcios, bautizos, graduaciones frustradas, seminarios y otros”, y colgando unos letreros que dicen “Hoy no se fía, mañana tampoco”, “Salvavidas sobre pedido”, “Lleve su catalejo pirata, bara-bara-todo-legal-mi-buen-qué-pasóóó´”, “En este establecimiento no se discrimina por razón de su miopía”.

 

El SupGaleano.
México, Abril del 2015.

Épa, épa. Paren su carro. La dirección electrónica a la que están mandando sus datos de registro no es la correcta. Deben mandar a: seminario.pensamientocritico15@gmail.com. Por su comprensión, gracias (que las mentadas sean de menta, no hay que ser).

Cuatro entradas imprescindibles del maravilloso Diccionario de las periferias de Carabancheleando.

 

Calle.

Aunque la mala fama y los estigmas que se les asocian digan lo contrario, las periferias son también germen de grandes cosas. Aquí va una.

(Hoy dejamos las definiciones escritas por esta definición hablada de lo que es la calle en una periferia dentro de la periferia, como es Caño Roto, cortesía del proyecto kdekalle).

 
 
 
 
 
Solar
 

Solar.

Porción de terreno donde se ha edificado o que se destina a edificar en él. V Cubrir un suelo con baldosas, ladrillos u otras piezas. Adj Relacionado con el Sol. En los dos primeros casos es del latín solum (suelo) y en el último de solaris: a pesar de la bonita coincidencia, aquí nos referimos a ese terreno destinado a la edificación que, sin embargo, admite diversas interpretaciones dependiendo de la perspectiva desde la que se mira. Así entre planificadores municipales, constructores y especuladores del suelo, el solar son metros cuadrados con una equivalencia en euros y que se puede multiplicar hasta donde la legislación municipal permita. Hay quien ni siquiera ve el terreno sin edificar, sólo lo que, cegado, prevé obtener de él. En ese sentido, es la base sobre la que se construyen edificios que nada o poco tienen que ver con su uso, sino más bien con el negocio sobre el suelo y el deseo desmedido por acumular riquezas por parte de unos pocos. Ese espacio es moneda de cambio de las corruptelas locales y fuente de enriquecimiento y especulación de gentes que, sólo dejando pasar el tiempo, pretenden revalorizar ese suelo o lo que hayan edificado sobre él. Mientras tanto, la vida sigue y la presencia de un solar que ha sobrevivido a una rápida edificación (hay solares que no da ni tiempo a llamarlos así) adquiere numerosas y variadas significaciones.

Hay terrenos que se acostaron siendo rústicos y se despertaron siendo solares. En algunos extremos de las periferias, todo el territorio fue un gran solar sobre el que se edificaron nuevas viviendas en un lapso más o menos corto de tiempo. En otros lugares, aparecen como huecos diseminados entre edificios de diversa factura y antigüedad. También las casas bajas, chabolas -que se derriban y sin embargo contienen vidas e historias- fabrican solares cuando desaparecen, en espera de lo que vendrá. Para algunos son marcas lineales en un plano, para otros lugares con ladrillos abandonados, matojos y solanera.

Hay solares que, con el tiempo, quedaron insertados en el paisaje del barrio, emparentando con los descampados. Eternos lugares en los que nunca parecía que se iba a edificar nada, quedaron marcados por las líneas de las sendas más habituales de los paseantes, que siempre buscan el camino más corto. Quizá un árbol consiguió prosperar y en primavera se llenan de las flores silvestres que se agostan en verano. En algunas épocas se convirtieron el espacios proscritos y de peligroso acceso, donde los miedos se vertían en torno a los camellos o los yonquis de la zona. Otras veces, simplemente se convertían en basureros de cercanía, el lugar de soltar los escombros, a pasear al perro o abandonar una batería de coche. Si algún día comienza una obra, se vallan y se rodean de jubilados que observan y comentan los movimientos de las primeras máquinas. Hoy en día, sin embargo, nada de eso es garantía de finalización y numerosos solares permanecen medio vallados, a medio empezar o a medio terminar, ofreciendo profundos agujeros en el suelo, o esqueletos de edificaciones de futuro incierto. En medio de la crisis, ese estado transitorio quedará instalado de continuidad, pero ya no se podrá pasar por allí.
Desde otra perspectiva, en fin, los solares son lugares para la reapropiación: un lugar de encuentro para los vecinos, un huerto urbano donde planificar, trabajar y repartir, o simplemente un espacio reconvertido para el juego. Estos lugares siempre tienen un dueño, que suele ser una persona desconocida o una entidad inabarcable y depredadora de los que poco o nada sabemos, que poco o nada sabe de las vidas en el barrio. A pesar de ellos la vida sigue y hay gentes comunes que resisten los embates mercantilistas del suelo, proponen otras formas de estar y vivir en el barro y, a veces de manera imperceptible, van reconstruyendo territorios desde el nivel de la vida cotidiana, contestando y oponiendo a la voracidad multiplicadora de los especuladores.

 
Descampado
 

Descampado.

Espacios neutros en el entramado del viario. Lugares desolados, abandonados, tierra de nadie. Basureros, escombreras, cagaderos de perros, terrenos del todo vale. Tierra de frontera, sin ley. A veces límite chabolas-casas, gitano-payo, como el hoy disimulado en el Alto de San Isidro con las viviendas sociales. Para los niños de los setenta eran la aventura de lo prohibido. Su topografía irregular escondía tesoros o terribles sorpresas bajo la aparente uniformidad amarilla de las arenas secas y ásperas en el verano, y entre los charcos y barrizales que se formaban con las lluvias del otoño y la primavera. Señalados y reservados por los expertos en sus cartografías, podían convertirse en otra cosa. Los niños los vivíamos como lugares con entidad propia sin pensar que pudieran ser menos perdurables que un edificio, una plaza u otros espacios urbanos. Los percibíamos con el mismo carácter definido y estable que tienen los elementos consolidados de la ciudad.

¡Quién diría que el Parque de San Isidro era un enorme descampado con árboles, bancos y praderas! Y que su porte de zona verde urbana le ha venido con el paso de los años, cuando estos elementos se han impuesto a su origen primitivo. Formaban parte del paisaje urbano y eran protagonistas de múltiples vivencias. Su transformación no era previsible, ni en muchos casos deseada, pues perdían su estado salvaje y yermo para ser domesticados por las altas instancias, cuyas decisiones sobre el espacio no se consensuaban con los deseos y las necesidades de los vecinos. Trapicheos, tragedias, jeringuillas, coches abandonados, árboles enjutos y malas hierbas, paraísos de biodiversidad para algunos biólogos… Muchos permanecen casi intactos o asoman bajo la capa transformadora que se les impuso, con el misterio de por qué no han sido construidos con la fiebre especuladora. A veces generan leyenda, como el de Mataderos por ser posible cementerio improvisado tras un bombazo. Hace poco se ha añadido uno nuevo, inmenso, con el que tratan de borrar nuestra memoria y nuestra historia, tras la demolición de la cárcel de Carabanchel.

 
Vida de banco
 

Banco.

1. Vida de los bancos. Fenómeno extendido por toda la geografía urbana, pero de especial incidencia en los barrios periféricos de ingresos bajos, por el cual la vida de una familia pasa a depender de una entidad bancaria. En ocasiones, la expresión pasa de ser una figura retórica a ser literalmente cierta, como atestiguan los suicidios de personas desesperadas por no poder pagar la hipoteca al banco (cfr. IVIMA, EMV, desahucios).

2. Vida de banco. Forma de pasar el tiempo muy extendida entre adolescentes y jóvenes de la periferia cuyo caso prototípico fue retratado por Albert Plá en Veintegenarios. Una leyenda urbana cuenta que uno de estos banqueros fue capaz de levantarse del banco y salir de Carabanchel, viajando incluso al extranjero, pero como toda leyenda urbana, está sin confirmar. Existen banqueros no tan puros que combinan la vida de banco con otras actividades, como hacer deporte, ser boy scout, estudiar el bachillerato nocturno, ser grafitero (ver Arte en la calle), cantar rap (ver proyecto K de Kalle) o incluso militar en algún movimiento social o político. Hay una relación bastante cercana entre la vida en los bancos y la litrona (cfr. Litrona) y los canutos (cfr. Canutos), pero eso no quiere decir que sea la causa de todos los problemas del barrio, como malpiensan muchos bienpensantes. La camaradería que proporciona una prolongada convivencia en los mismos bancos es a prueba de separaciones, por muchos años que pasen. Desde los bancos “se arregla el mundo”, se aprende a buscarse la vida y se fantasea con qué hacer cuando se reúna un poco de pasta, ya sea quedarse en el barrio para siempre (ver Barrionalismo) o escapar de la periferia hacia el centro.

¿Salimos a la calle?Hace algún tiempo, Leonel Moura escribe que “en la calle sucede lo irremediable para el hombre común, porque el lugar de toda acción política es la calle”. Así presentada, la calle es el terreno de lo irremediable porque allí se deciden los destinos colectivos. Justamente por eso, la calle es el terreno donde toda acción adquiere status de acción política.

La afirmación de Moura describe con belleza la naturaleza de la calle en tiempos nacionales, pero la calle actual no se deja pensar en su novedad por esa definición. Agotado el Estado Nación como pan-institución donadora de sentido, la calle altera su condición. Sin meta-institución estatal, la calle ya no será la misma. Ahora bien, esta alteración consiste en su destitución como espacio público y político. Más radicalmente, en condiciones de mercado, la calle se transforma en esa distancia deśertica que separa al consumidor de sus objetos de consumo. Definida de ese modo, la calle pierde todo encanto nacional.

La dinámica de mercado, como efecto de su operatoria, produce exclusión. Vale decir que esta exclusión también describe la eliminación de ciertas prácticas como posibles en ese sistema social. Entre las prácticas excluidas, aquí nos importa centralmente una. A saber: las prácticas que hacen de la calle un espacio socialmente compartido. Ahora bien, la exclusión de estas prácticas, tiene consecuencias en la vida colectiva -no sólo de los excluidos, sino también de los incluidos-, ¿por qué? Porque implica el desvanecimiento de ese suelo que hacía lazo entre los componentes de la vieja lógica nacional. Dicho de otro modo, el agotamiento del espacio público destituye a la calle como zona de encuentros aleatorios y la transforma en un sitio fundamentalmente amenazante. Por otra parte, ese desvanecimiento resulta irremediable porque no hay sustituto privado del espacio público. Justamente por eso, incluidos y excluidos comparten una exclusión: la calle ya no es una institución de la dinámica actual.

El colapso de la calle como espacio público genera una serie de efectos. Entre tantos, la reclusión de los incluidos por temor a los excluidos y la expulsión de los excluidos. Reclusión y expulsión son operaciones de una lógica que se empobrece, simbólicamente, al reducir sus intercambios -cuando suceden- a intercambios entre parecidos: incluidos con incluidos (barrios cerrados) y expulsados con expulsados (ghettos).

Volvamos sobre las condiciones en las que la calle se desvanece como espacio público. Para la dinámica de mercado, la calle es, fundamentalmente, ese espacio que separa al consumidor de sus objetos de consumo. Siendo así, el consumo también deberá practicarse en casa. Para que esto ocurra, los artefactos mediáticos de mercado hacen su trabajo. De esta manera, nuestro consumidor no tendrá que someterse a los riesgos de transitar la calle post-nacional. La TV, internet, el teléfono y el servicio delivery nos ahorran esa posibilidad. Bajo el imperio de estos artefactos, la calle lentamente se despuebla. Sin sentido ni razones para permanecer en ella, sin condición pública y política, la calle se vacía. Ahora bien, ese despoblamiento no consiste en la retirada del ciudadano de la calle a su casa, sino en el desvanecimiento del tipo subjetivo ciudadano y del espacio como espacio público. Sin ciudadanos ni ámbito público, la calle nacional desaparece. Ahora bien, esto no quiere decir que no haya calle. Más precisamente, quiere decir que la calle ya no es una institución estatal existente, sino una producción situacional. En este sentido, no hay calle hasta que una estrategia subjetivante la obligue a existir y consistir.

La calle nacional como espacio público era una objetividad instituida por el Estado Nación en la que transitaban políticamente los ciudadanos. La calle contemporánea no ofrece razones ni sentido para transitarla al desvanecerse como espacio público y político. Si la calle no es una objetividad disponible sino desierto simbólico y amenaza, cabe preguntarse por las operaciones capaces de exceder semejante destino. En estas condiciones, forjar otro destino exige la determinación situacional y subjetiva de una situación llamada calle. Dicho de otro modo, consiste en la transformación de un fragmento en una situación habitable, en un espacio de regulación simbólica para los agentes que decidan habitarla. Pero esa construcción, no es efecto de la operatoria estatal sino de la decisión de un sujeto que se constituye en esa experiencia. En este sentido, agotado el Estado como pan-institución productora de espacios públicos, la calle resulta, inevitablemente, de un emprendimiento subjetivo.

Dicen que en lógica de consumo se puede hacer todo sin salir de casa, menos -claro está- salir a la calle. Esto parece cierto por los menos en dos sentidos. Por un lado, es posible hacer casi todo sin salir a la calle, porque la dinámica de consumo desarrolló unos procedimientos capaces de proveer, casa por casa, los más diversos servicios; por otro, porque no es posible salir a la calle, porque no hay calle como espacio instituyente de sentido. Justamente por eso, habitar la calle en condiciones contemporáneas quizá requiera no sólo de abandonar la fascinación del consumo hogareño, sino fundar un oasis en ese desierto simbólico. De no ser así, ya no podremos salir a jugar a la calle.

Ignacio Lewkowicz

Fútbol de barrioLa Periférica es un viaje de desacato a todo lo que hace de “la periferia” lugar de intervención de expertos, de recepción de saberes producidos en otro sitio, de monitorización social, de mediación cultural, de dinamización sociolaboral, de gestión policial de la seguridad. Contra esa cosificación de la periferia, nosotras vamos a la periferia (periferia urbana, pero sobre todo periferia de los saberes establecidos) sencillamente a estar: estar sin misión, compartir porque sí, charlar sin interrogar…

Para este viaje tenemos de aliadas a las personas (profesores y alumnos) de un Espacio de Educación de Adultos, esa “segunda oportunidad” de los expulsados del circuito escolar normalizado. Se supone que vamos a apoyar, pero, en realidad, los que recibimos apoyo somos nosotros: apoyo para pensar a ras de suelo, cara a cara, sin citas ni retóricas; apoyo para anclar a tierra las cosas que hacemos y decimos; apoyo para desamueblar la cabeza de tanto aparador inútil que la educación superior nos metió ahí dentro, sobre todo aquellos muebles que nos hicieron mirar por encima del hombro a quien sabía y expresaba de otra manera.

No está muy claro que todo lo que aprendamos en este viaje sea fácilmente publicable o compartible a través de la palabra escrita. Pero estamos convencidas que polinizará todos los espacios de la Escuela de Afuera.